septiembre 13, 2010
septiembre 12, 2010
SOLDADO NABO por Damian Szmulewicz
El soldado escribe más de mil palabras por día y el capitán cree que enloqueció a causa de los estallidos de morteros que se oyen a toda hora. Soldado Nabo es el único que está cursando la universidad y todos los oficiales de ese regimiento de la provincia de Misiones lo quieren como escribiente, así pueden ver a un estudiante de cerca y - si se deja -conversar con él. Los compañeros caen como gatos. El ejército brasileño no deja nunca de bombardear, se vieron todas las películas de Vietnam y saben cómo enloquecer al enemigo con tácticas de la guerra psicológica. De a ratos se oyen altoparlantes que difunden cancioncitas en contra del Mercosur. Nuestro Soldado Nabo se refugia en la PC, así como antes lo hizo en el PC. A causa de esa militancia fue a parar a tal regimiento, ya que el amigo que lo acomodó en la Dirección de Gimnasia y Tiro nada sabía de dicha militancia, y en cuanto Inteligencia encontró el prontuario de Nabo se lo hizo saber a los superiores del Amigo de Nabo (llamémoslo Hache) y le dieron (a Hache) una soberana patada en e! orto que creo que hoy día le sigue doliendo. De tal forma que los huesos de Nabo y toda su carne dieron en e! regimiento 30 de Infantería. Grande fue la sorpresa al comprobar que era judío y no atinaban a pronunciar su nombre (no comentemos nada del apellido) Apenas si los suboficiales de este tal 30 de infantería sabían qué carajos era una universidad, con sus cabezas cargadas de prejuicios que en arduas tardes los curitas castrenses se encargaron de cultivar. Así pues, los suboficiales entraban en profundas crisis y no sabían si su deber era asesinarlo por traidor a ta patria Heno de ideas foráneas o admirarlo Soldado Nabo se percató del peligro latente que lo amenazaba, pero también notó el efecto hipnótico que tenían sus palabras sobre estos simples y por las noches empezó con las historias.
Con cuánto gusto observó el asombro en los rostros al oír tas cosas que suceden en la ciudad.
De ahí a recordar la leyenda de Scherezade apenas si había un paso pero el casino de oficiales (ai que nuestro amigo tenía acceso por ser universitario y por ser el único que podía usar la PC antedicha) carecía de biblioteca. Entonces decidió hacer uso de las historias increíbles que contaban los corredores que visitaban el comercio de su padre y las volcó al papel. El éxito no se hizo esperar y todo el milicaje prorrogaba la ejecución del impío de ideas ajenas al sentir nacional para una jornada más idónea y se cebaban en las historias al calor de los amargos.
Los menos tímidos de estos hombres no tardaron en integrarse a la rueda de narraciones refiriendo sucesos de sus pagos y de sus distintas niñeces; ni el regimiento en transformarse en un jardín que cultivaba las historias.
Los menos suspicaces lo bautizaron Jardín de Infantería 30 y poco a poco los oficiales se desencantaron de las armas. Ya se sabe que la reflexión es enemiga de la guerra.
Al regimiento tuvieron que cerrarlo o trasladarlo, no recuerdo bien.
Con cuánto gusto observó el asombro en los rostros al oír tas cosas que suceden en la ciudad.
De ahí a recordar la leyenda de Scherezade apenas si había un paso pero el casino de oficiales (ai que nuestro amigo tenía acceso por ser universitario y por ser el único que podía usar la PC antedicha) carecía de biblioteca. Entonces decidió hacer uso de las historias increíbles que contaban los corredores que visitaban el comercio de su padre y las volcó al papel. El éxito no se hizo esperar y todo el milicaje prorrogaba la ejecución del impío de ideas ajenas al sentir nacional para una jornada más idónea y se cebaban en las historias al calor de los amargos.
Los menos tímidos de estos hombres no tardaron en integrarse a la rueda de narraciones refiriendo sucesos de sus pagos y de sus distintas niñeces; ni el regimiento en transformarse en un jardín que cultivaba las historias.
Los menos suspicaces lo bautizaron Jardín de Infantería 30 y poco a poco los oficiales se desencantaron de las armas. Ya se sabe que la reflexión es enemiga de la guerra.
Al regimiento tuvieron que cerrarlo o trasladarlo, no recuerdo bien.
septiembre 11, 2010
EL PAN José Watanabe; (La piedra alada, Pre-Textos)
PERDONEN que lo diga sin pudor,
pero mi madre y yo vivíamos en un pueblo
de hambrunas.
Las carencias
nos llevaban a todos a una especie de inocencia,
a un vivir
en el centro puro de nosotros mismos.
Así es cuando ya no queda nada salvo
la postura orgullosa de mi madre
que dormía como saciada.
Cada cierto tiempo pasaban profetas
que repetían monsergas en nombre de un dios
prometedor, pero cruel.
Ninguno trajo lluvia sobre los campos yermos
ni hizo el milagro de una simple lechuga.
Una tarde se asomó a nuestra puerta
un extranjero de mirada llameante, otro agorero,
pero no supimos quién ardía en él, si su dios
o su demonio.
Dijo llamarse Elías y tenía gran hambre como nosotros.
Se quedó mirando a mi madre
que en la artesa mezclaba un puñado de harina Santa Rosa
con una cucharada de manteca sin nombre.
Estoy haciendo un pan para mi hijo y yo. Lo comeremos
y después, con la dignidad de los pobres satisfechos,
nos moriremos de hambre, dijo mi madre.
septiembre 10, 2010
La inmiscusión terrupta de Julio Cortazar
Como no le melga nada que la contradigan, la señora Fifa se acerca a la Tota y ahí nomás le flamenca la cara de un rotundo mofo. Pero la Tota no es inane y de vuelta le arremulga tal acario en pleno tripolio que se lo ladea hasta el copo.
– ¡Asquerosa! – brama la señora Fifa, tratando de sonsonarse el ayelmado tripolio que ademenos es de satén rosa. Revoleando una mazoca más bien prolapsa, contracarga a la crimea y consigue marivorearle un suño a la Tota que se desporrona en diagonía y por un momento horadra el raire con sus abrocojantes bocinomias. Por segunda vez se le arrumba un mofo sin merma a flamencarle las mecochas, pero nadie le ha desmunido el encuadre a la Tota sin tener que alanchufarse su contragofia, y así pasa que la señora Fifa contrae una plica de miercolamas a media resma y cuatro peticuras de esas que no te dan tiempo al vocifugio, y en eso están arremulgandose de ida y de vuelta cuando se ve precivenir al doctor Feta que se inmoluye inclótumo entre las gladiofantas.
– ¡Payahás, payahás! – crona el elegantiorum, sujetirando de las desmecrenzas empebufantes. No ha terminado de halar cuando ya le están manocrujiendo el fano, las colotas, el rijo enjuto y las nalcunias, mofo que arriba y suño al medio y dos miercolanas que para qué.
– ¿Te das cuenta? – sinterrunge la señora Fifa.
– ¡El muy cornaputo! – vociflama la Tota.
Y ahí nomás se recompalmean y fraternulian como si no se hubieran estado polichantando más de cuatro cafotos en plena tetamancia; son así las tofitas y las fitotas, mejor es no terruptarlas porque te desmunen el persiglotio y se quedan tan plopas.
mayo 08, 2010
un hombre normal (versión corregida y aumentada)
LUCIANO LERMAN era un hombre común y normal -o al menos eso creía-, al que parió Lucia, una madre normal en un parto muy normal en un hospital como todos los hospitales normales. Tomó leche de una teta normal. Tenía un padre Lisandro, ni muy estricto ni muy permisivo, normal y sus hermanos Lucas y Lina bastante normales. Fue un niño normal con infancia normal, queloscumplasfeliz normal, fiebre normal, cuidadoconlahamaca normal. De adolescente se masturbaba de manera normal, fumaba porro normal, aspiraba normal y tuvo como todos los normales a una novia normal como Laurita, que pasó por un aborto normal en un sanatorio normal. Le gustaban las milanesasconpapasfritas normales y el flancondulcedeleche normal. Al llegar a los treinta se casó con Linda, una mujer ni muy linda ni muy fea, ni muy alta ni muy baja, ni muy gorda ni muy flaca, normal , en una ceremonia nada especial, común, una cualquiera, normal, bendecida por un rabino ni reformista ni ortodoxo, ni conservador ni progresista, normal, en un templo ni antiguo ni moderno, normal. Un trabajo monótono, aburrido, normal, al que iba vestido con traje, camisa, corbata, zapatos, todos normales. Un sueldo de esos llamados normales que le permitía a LUCIANO LERMAN seguir con un una vida normal. Una casa ni muy grande ni muy chica, ni muy luminosa ni muy oscura, normal, en un barrio absolutamente normal con vecinos todos grises, normales. Sus hijos Lautaro y Lucy ni muy brillantes ni muy tontos, ni muy vagos ni muy activos, normales. Los amigos ni divertidos ni aburridos, normales. Hacía el amor con Linda como una obligación normal -en las posturas normales- de un esposo normal a su mujer normal, casi con indiferencia. Su amante Lucrecia (la esposa de Lucas), nada de bares, ni salidas, cumplía el rol de amante normal, unavezalasemana después del trabajo, con pasión normal. Visitaba a Lily, una puta ni muy puta ni muy santa, normal, que vendía sus servicios en un prostíbulo ni muy lúgubre ni muy alegre, un prostíbulo normal, a la que pagaba de manera normal por su servicio común, ordinario, de esos que Lily odiaba de tan normales que eran.
Un día LUCIANO LERMAN se cansó. Todavía resuenan en Lucía, Lisandro, Lucas, Lina, Laurita, Linda, Lautaro, Lucy, Lucrecia y Lily aquel grito de LUCIANO LERMAN:
¡VAYANSE TODOS A LA MIERDA!
No lo entendieron. ¡Cómo iban a entenderlo si sólo eran normales!.
De LUCIANO LERMAN nadie sabe el paradero.
Daniel Najnsztejn
los amantes
Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados. La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.
mayo 07, 2010
«caperucita roja» que se nos fue
¡Ah, si volvieras!... ¡Cómo te extrañan mis hermanos!
La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa
muchacha de otros tiempos. ¡Eras la habilidosa
que todo lo sabías hacer con esas manos...!
El menor de los chicos, ¡pobrecito!, te llama
recordándote siempre lo que le prometieras,
para que le des algo... Y a veces -¡si lo oyeras!-
para que como entonces le prepares la cama.
¡Como entonces! ¿Entiendes? ¡Ah, desde que te fuiste,
en la casita nuestra todo el mundo anda triste!
y temo que los viejos enfermen, ¡pobres viejos!
Mi madre disimula, pero a escondidas llora
con el supersticioso temor de verte lejos...
Caperucita roja, ¿dónde estarás ahora?
mayo 06, 2010
tu Dios no es el mío
Tu Dios no es el mío,
el tuyo pide pleitesía,
adoración, obligación,
atención, oración
y hasta sacrificio.
El mío solo amor,
sin circunstancias
que lo limiten ,
ni condiciones
para regalarlo.
El tuyo tiene historia,
pasado, presente,
futuro, rostro,
vida, muerte
y resurrección.
El mío es eterno,
dueño sin ser amo,
omnipresente y fiel,
amigo sin pedirme nada
y nunca ha muerto.
Tu Dios no es el mío,
hay razones que lo separan
y acciones que los limitan,
y mientras tú te afanas por él
sin temores existo para el mío.
adoración, obligación,
atención, oración
y hasta sacrificio.
El mío solo amor,
sin circunstancias
que lo limiten ,
ni condiciones
para regalarlo.
El tuyo tiene historia,
pasado, presente,
futuro, rostro,
vida, muerte
y resurrección.
El mío es eterno,
dueño sin ser amo,
omnipresente y fiel,
amigo sin pedirme nada
y nunca ha muerto.
Tu Dios no es el mío,
hay razones que lo separan
y acciones que los limitan,
y mientras tú te afanas por él
sin temores existo para el mío.
fabricante de mentiras
El era un fabricante de mentiras,
Tenía las historias de cartón.
Su vida era una fábula de lata,
Sus ojos eran luces de neón.
Y nunca tengas fe,
Que sus mentiras pueden traer dolor.
Ella era un típica inocente,
Zapatos, negros, medias de algodón,
Que sólo era feliz en el colegio,
Que nunca tuvo en su piel amor.
Inútil es decir
Que lo que le dijeron lo creyó.
Que raro saber el fin de nuestra historia,
Algunos lo podrán imaginar,
La niña que sin pena y sin gloria
Perdió sus medias y su castidad.
Preciso es condenar al que se burla de nuestra moral
Pero hay algo que no se puede explicar
¿Por que la niña ríe en ves de llorar?
Tenía las historias de cartón.
Su vida era una fábula de lata,
Sus ojos eran luces de neón.
Y nunca tengas fe,
Que sus mentiras pueden traer dolor.
Ella era un típica inocente,
Zapatos, negros, medias de algodón,
Que sólo era feliz en el colegio,
Que nunca tuvo en su piel amor.
Inútil es decir
Que lo que le dijeron lo creyó.
Que raro saber el fin de nuestra historia,
Algunos lo podrán imaginar,
La niña que sin pena y sin gloria
Perdió sus medias y su castidad.
Preciso es condenar al que se burla de nuestra moral
Pero hay algo que no se puede explicar
¿Por que la niña ríe en ves de llorar?
mayo 05, 2010
Haroldo Conti (34 años de su secuestro)
El 5 de mayo de 1976, cuando se cumplían 158 años del nacimiento de Carlos Marx y 161 de la muerte de Napoleón Bonaparte, un grupo del batallón 601 montó una trampa en la casita que el escritor Haroldo Conti tenía en la esquina de Fitz Roy y Humbolt, en pleno Villa Crespo. Los del 601 eran los de Inteligencia y el genial Conti, en esa oportunidad, no era más que un conejo al que los inteligentes cazarían para alimentar la máquina del terror. Marta Scavac, su compañera, estaba con él esa madrugada y dio testimonio de la salvajada: "Apenas entramos, unos diez hombres estrafalariamente vestidos con vinchas, gorras y ropas raras, se nos vino encima. Inmediatamente me ataron las manos detrás de la espalda y me cubrieron, con ropa, la cara y la cabeza. Escucho que hacen lo mismo con Haroldo; aunque él se resiste, no es fácil reducirlo, es muy fuerte, pero le dicen que se quede quieto por el pibe, se referían al bebito (Ernesto, hoy un periodista de 32 años). "Señora, ¿cómo una mujer de su clase se metió en esto?" le preguntó uno de los inteligentes. "Le pedí que me explicara quiénes eran, qué querían. Me respondió que estábamos en guerra" dijo Marta. "O nosotros los matamos o ustedes nos matan a nosotros" contestó el inteligente. "Escucho que sigue rompiendo papeles. Le suplico que no rompa el cuento que Haroldo estaba escribiendo. Después comprobé que dejó la máquina de escribir de Haroldo, junto al borrador del cuento, intacto. Quedó sólo eso sin romper como un símbolo en medio de la casa revuelta, como sacudida por un terremoto" recuerda su compañera años después (revista Crisis, abril de 1986). "Comenzó a molestarse cuanto me preguntó por qué había viajado a Cuba con Haroldo. Le dije el motivo, que Haroldo había sido jurado de novela de Casa de las Américas".
el rostro de un poeta triste
He visto el rostro
de un poeta triste
desandar los caminos
de su musa,
taciturno y callado
con el alma en vilo
recuerda el adiós..
en el día aquel
de su morir en vida.
Equipaje pesado
es su maleta de años
y de incumplidos sueños.
Sus pasos arrastra,
sus alas se han caído.
Cabizbajo se sienta
en el bar de la playa
mientras oye las notas
de un acordeón amigo.
Un trago de jerez
y su canoso perro
fieles compañeros
de sus días,
con lágrimas en los ojos
hoy evoca a aquella
que le amó más
que a su vida,
.....la de tiernas caricias,
aquella mujer-niña de
risas cantarinas.
El pasado saluda su tristeza
en esta hora,
las lágrimas se
secaron ya no llora...
sólo de él queda
la deambulante congoja
y un suspiro.
Noche tras noche las olas
llevan su lamento..
y entre murmullos quedos..
repite su historia,
una y otra vez,...
eternamente.
de un poeta triste
desandar los caminos
de su musa,
taciturno y callado
con el alma en vilo
recuerda el adiós..
en el día aquel
de su morir en vida.
Equipaje pesado
es su maleta de años
y de incumplidos sueños.
Sus pasos arrastra,
sus alas se han caído.
Cabizbajo se sienta
en el bar de la playa
mientras oye las notas
de un acordeón amigo.
Un trago de jerez
y su canoso perro
fieles compañeros
de sus días,
con lágrimas en los ojos
hoy evoca a aquella
que le amó más
que a su vida,
.....la de tiernas caricias,
aquella mujer-niña de
risas cantarinas.
El pasado saluda su tristeza
en esta hora,
las lágrimas se
secaron ya no llora...
sólo de él queda
la deambulante congoja
y un suspiro.
Noche tras noche las olas
llevan su lamento..
y entre murmullos quedos..
repite su historia,
una y otra vez,...
eternamente.
Tibisay América
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











