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enero 12, 2011

Hablame Roberto por favor... por Daniel Najnsztejn

Sabès una cosa, es mentira aquello de que “el tiempo todo lo cura”. Pasaron tres años desde que te fuiste, apurado, (todavía no entiendo el por qué), y mi vacío es cada día más grande. Otra que el agujero de ozono. ¡No tenès  idea lo que te necesitaría en estos momentos! Veni, acercate, escuchame, deja de mirar a esa mina, que si te pesca ¨la gorda¨ es capaz de ir a buscarte. Uy! Perdón, si la vieras (no tengo dudas que la ves), seguro que eso de ¨hasta que la muerte nos separe¨ no lo pondrías en práctica. Te volverías a enamorar. Ah! No le digas por favor esto de gorda, que quede entre nosotros. Ahora en serio, haceme un favor, uno solo, yo sé que estas muy ocupado con tu música, tus discusiones, los asados, el tinto, pero dale, venite una noche cualquiera, una sola. Necesito hablar con vos una vez más, necesito que me digas como salgo de ésta, necesito un poco de tu fuerza para enfrentar la vida, de tu valor, de tu alegría, de tus ganas, que se yo, de todo.  Sé que me vas a batir la justa. Que dijiste? Que te pareció ver una lágrima? Y sí, no te lo puedo ocultar. Que vas a hacer, viste, al final de cuentas soy un boludo sentimental. Tenès razón, te van a extrañar, que por algo te llevaron, que la música que ahora se escucha por allá nunca la escucharon. ¡Pero una noche! Sólo una. Sos mi amigo. ¡Ayudame ¡Te prometo que después no te jodo más. Hasta el día que nos encontremos para siempre.  Que dijiste? Que vas a venir? No te escucho… Hablame Roberto por favor…

abril 04, 2010

a Roberto


Apareciste en mi vida como de la nada, y como sin pedir permiso te instalaste. Años difíciles te trajeron por aquí, como a mí, como a tantos. Te fuiste transformando, como oxigeno imprescindible, como agua irrenunciable, como alimento. Te quedaste para siempre. Y así porque sí, de repente, un día de esos, el puto cáncer te llevó. Te vi luchar con ferocidad. Con lo poco que te restaba, insistías en quedarte. Siempre jugaste en el equipo de los que no se entregan y seguiste en él hasta el final. Gozabas del placer de la música y nos transmitías ese placer a quienes estábamos a tu lado. De la nada, eras capaz de construir un todo. ¡Qué sería de nosotros, si no hubiera gente como vos! ¡Qué gris y cubierto de nubes, si no hubiera soñadores! Cabrón como pocos.  Alma noble y pura como ningún otro. Si parece que te escucho, tratando de convencer al “barba”, como vos lo llamabas, que las cosas no son como él cree. Y mientras tanto le debes estar tarareando algún tango, o algún jazz, de los que ya se debe haber olvidado, ocupado como está en tanta muerte, tanta guerra, tanta sangre inocente. Un consejo: no hagas kilombo, no trates de refutar al Diablo, que seguro anda por ahí. Dejalo que piense que va ganando la partida, como así parece. Y no  te olvides, guardame un lugarcito cerca tuyo para cuando me vaya, porque la eternidad se me hará muy larga si no te encuentro. Eso sí, voy  a esperar que se me pase el enojo. ¡Por qué carajos te fuiste! ¡Tenías tanto todavía por hacer!  Por último, por acá todo igual, arena y más arena. Escucho el susurro del viento e imagino tu voz y tu música, es ¡que se te extraña tanto!

Daniel Najnsztejn