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septiembre 27, 2010

ISRAEL (JORGE LUIS BORGES)



   
   Temí que en Israel acecharía
   con dulzura insidiosa
   la nostalgia que las diásporas seculares
   acumularon como un triste tesoro
   en las ciudades del infiel, en las juderías,
   en los ocasos de la estepa, en los sueños,
   la nostalgia de aquellos que te anhelaron,
   Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia,
   ¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia,
   sino esa voluntad de salvar,
   entre las inconstantes formas del tiempo,
   tu viejo libro mágico, tus liturgias,
   tu soledad con Dios?
   No así. La más antigua de las naciones
   es también la más joven.
   No has tentado a los hombres con jardines,
   con el oro y su tedio
   sino con el rigor, tierra última.
   Israel les ha dicho sin palabras:
   olvidarás quién eres.
   Olvidarás al otro que dejaste.
   Olvidarás quién fuiste en las tierras
   que te dieron sus tardes y sus mañanas
   y a las que no darás tu nostalgia.
   Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso.
   Serás un israelí, serás un soldado.
   Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos.
   Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca.
   Una sola cosa te prometemos: tu puesto en la batalla.

septiembre 24, 2010

EL AMENAZADO (Jorge Luis Borges)


Es el amor, tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única ¿de qué me servirán mis talismanes; el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó al áspero norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño? Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que me miran por las ventanas, pero la sombra no me ha traído la paz. Es, ya lo sé, el amor; la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con su mitología, con sus pequeñas magias inútiles. Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos se cercan, las hordas (esta habitación es irreal; ella no la ha visto). El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.

abril 14, 2010

la leyenda

Abel y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y pidió que le fuera perdonado su crimen. 
Abel contestó: 
-¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes. 
-Ahora sé que en verdad me has perdonado -dijo Caín-, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar. 
Abel dijo despacio: 
-Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa. 


Jorge Luis Borges