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marzo 18, 2011
EL SEñOR X VUELVE
EL SEñOR X HA REINICIADO SU VIAJE PERO HA CAMBIADO SU DIRECCION. QUIEN DESEE SEGUIR ACOMPAñANDOLO DEBE INGRESAR A www.danielnaj.wordpress.com ALLI EN "LA VENGANZA DEL SEñOR EQUIS" LOS ESPERA.
febrero 18, 2011
El final por Daniel Najnsztejn
Fue un largo viaje, por momentos agotador. ¿Valió la pena? La respuesta la debe dar el protagonista de nuestra historia, al que llamaremos X, pero no está dispuesto a hablar. Al menos por ahora. Lo que sabemos, es que X tuvo que atravesar un sinfín de tropiezos a lo largo del camino. Hubieron bajos y altos, valles, mares, rocas, tormentas, todo lo que ustedes puedan imaginar. Por supuesto que existieron detenciones placenteras, como aquellas de la estación Alegría y la siguiente estación Felicidad. ¡Qué bien que se sentía nuestro hombre allí! No quería irse. Pero el viaje es así. Las paradas nunca son el punto de llegada. Son transitorias, efímeras a veces. Cuando ya nos estamos acostumbrando, hay que seguir andando. Y en ese andar X atravesó las estaciones Dolor, Llanto, Amargura, Tristeza. ¡Quién no ha pasado por ellas! Nadie quiere bajarse ahí, pero no hay alternativa. En ellas vio la muerte en sus dos vertientes, aquella natural, irremediable y la del costado más perverso, producto del odio entre los seres humanos. Algo que no podía soportar y por ello quería apurar su viaje. Lamentablemente algunos deben permanecer más tiempo que el debido en dichas estaciones y hacen del trayecto una pesada carga. Otros terminan lo antes posible con sus trámites y escapan, prometiendo no volver. ¡Ilusos! No saben que no van a poder hacerlo. Que la vida una y otra vez nos vuelve a esas estaciones del desagrado. Que atravesarlas es parte ineludible del viaje. Que ellas nos buscan y siempre terminan encontrándonos. Pero como la moneda, el andar nos muestra sus dos caras y es así que arriba nuestro héroe, X, a la estación Amor, a quienes todos quieren llegar, pero a veces equivocan el camino. Nuestro protagonista estuvo allí, fue, salió, volvió, una y otra vez, como no convencido de lo que encontraba. Y es en este último tramo de su aventura que X vuelve a toparse con ella. ¡Pero qué lástima, el viaje se acaba!
La estación terminal está a la vista. Ya no puede haber negativas. No se puede retroceder. Hay que bajar. El viaje terminó. Desde que emprendió el camino sabía que esto iba a pasar.
¡Justo ahora! – se dijo.
enero 05, 2011
VIAJE por Daniel Najnsztejn
Llueve. Como hace mucho no sentía. Regresando a casa, cargado de esperanza, pero repleto de ausencias. Un tren. Cientos de historias. Una Torre de Babel. Por allá escucho hablar ruso, más acá español. Hebreo, por supuesto. Aquellos un idioma que no puedo descifrar. Rostros cansados. Hay quien duerme. Otros al teléfono. Hay quien estudia. Nadie sonríe. De repente alguien se para. Miradas hacia ella, ¿o es él? Pollera de cuero color crema muy corta, piernas largas, medias caladas negras, pintura al por mayor. Cambia de asiento, la tengo ahora frente a mí. Escucha música trance. Mirada ausente. Pienso. Imagino su vida. Trato que no se sienta observada. Tarde. Se dio cuenta que llamó mi atención. No sabe que estoy escribiendo sobre ella. Teléfono. – Llego a las nueve, dice. – No me extrañes. Trato de imaginar quien estaba al otro lado de la línea. Era una voz de hombre. Es obvio, me digo. Nadie viaja de Tel Aviv a Beer Sheva sin un buen motivo, y este parecía uno de ellos. Pienso que se aman. Cuerpo de hombre y mujer al mismo tiempo. Los dos sexos al unísono. ¿Perversión? ¿Quién soy yo para juzgar? Me gusta saber que se aman y que esta noche será para ellos única, irrepetible. Y de repente siento que ansío esa noche para mí y los envidio y al mismo tiempo los odio, los odio por ser felices, los odio por amarse. Contradicción extrema. Amor y odio al mismo tiempo y en el mismo instante y en el mismo vagón de un tren que alberga historias, como la de Judith (un colgante decía tal cosa), como de aquel que a lo lejos veo que reza a un Dios que no comprendo, como de aquellos que limpiaban sin ganas el andén, como la de los cientos de gentes que vuelven o van, quien sabe. Lenguas extrañas que se mezclan. Historias como la mía, que trata de vivir otras historias queriendo olvidar la propia, escapando sin saber hacia qué lugar. Llueve. No falta mucho. Quisiera seguir viajando. Quisiera vivir las historias de los otros. Quisiera que este tren no arribe. Quisiera...
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